Mea culpa

La sombra gris tenue de mi cigarrillo choca lentamente contra la ventana mientras mi mirada intenta derribar sin éxito los tejados de mi alrededor.

El silencio toca la alarma de incendios a riesgo de que cierre los ojos mientras se consume el cilindro y la producción de ceniza sea masiva.

El consumo no se refiere habitualmente al tabaco y eso me salva en mi conciencia de una caída estrepitosa al cenicero de las grandes culpas.

Mea culpa es cuando orino y aún lavándome las manos después, la batalla olfativa la gana por k.o la nicotina incrustada entre el dedo gordo y el índice a la del jabón.

Muerte en vida es cuando aún escribiendo estas verdades, dejas de escribir para fumar el último cigarrillo de la noche y así dejar que tus pensamientos fluyan y se diluyan y propongan mejores quehaceres para el día de mañana.

La visita

Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, pero eso no importaba para la faena que iba a tener que realizar. Se había vestido con su uniforme de personal sanitario, y llevaba un maletín rojo de tamaño medio, muy llamativo. Las chispas brillantes que emanaban de sus labios indicaban que se los acababa de pintar.

Con una voz muy dulce y sin tener en cuenta que parecía que le estuvieran haciendo un reconocimiento completo de su cuerpo, Jacinta preguntó si podía pasar, a lo que Don Eugenio le contestó que por supuesto, eso sí, de un modo un tanto nervioso. 

Pasaron al descansillo, y Don Eugenio le pidió a Jacinta que esperara, pues se había adelantado considerablemente a su cita y quería eliminar el desorden visible antes de que subieran al piso de arriba. Mientras él se ausentó, Jacinta aprovechó para rebajar su nivel facial, dejó de sonreír y por un instante respiró sin más, y al hacerlo notó cómo su vientre se ensanchaba un poco, se miró en el espejo del descansillo y recordó lo triste que era su cara, su cuerpo y su vida en general. Pero eso sólo fue instante.

Para asombro de Jacinta, Don Eugenio se había cambiado de ropa y se había peinado. Tragó saliva, se hizo fuerte de nuevo, de hecho, ella estaba preparada para encontrarse de todo. Don Eugenio le abrió la puerta de una habitación, y al entrar, ella enmudeció; había velas aromáticas, la cama con una sábana blanca elegante con algún pliegue intencionado y pétalos de rosa bien repartidos aleatoriamente por todos los espacios.

Antes de poder articular palabra, sonó el timbre de la puerta y Don Eugenio se quedó paralizado. Jacinta sonrojada, le preguntó por Don Eugenio Rojas Martos. Y él, cabizbajo, en señal de afirmación de vergüenza dijo que sí, que era su padre. Ella asintió y le dijo que venía para sus cuidados paliativos. Volvió a sonar el timbre varias veces.

Tardaron ambos en reaccionar, y él dio por supuesto que Jacinta se iría y su chica de compañía de la puerta también, a lo que Jacinta, con gracia, respondió, apretando las hendiduras de su cuerpo, que ahora había dos motivos por los que quedarse.

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RE-BIENVENIDOS

El gran salto final.

Después de 25 meses me he atrevido a entrar al Blog. Llevo una hora retocando, cambiando, actualizando, coloreando, maquillando, dándole a touch of class al sitio web, pero sin apenas escribir nada que valga la pena, sólo paja y más paja, y más paja y más paja. Pero aquí estoy de nuevo, despierto, ávido de nuevas aventuras, con una ilusión tremenda por lo que hay y lo que vendrá.

Ya no miro el pasado ni de reojo siquiera. No me hace falta, “lo que está muerto no puede morir”. Todo aquello que vive conmigo no quiero que se despegue nunca. Y a partir de aquí: vivamos, viajemos, aprendamos y no dejemos nunca de soñar. Prohibido el desdeño, desde ayer, desde ya. Y todo aquél que sienta desdén por esto, pues no lo siento, que se aguante y se atienda a lo que venga.

Re-bienvenidos. welcome

DE MI PUÑO Y LETRA

Primero un soplido, luego un rebuzno y un sinfín de cuchillos afilados destrozándome la cabeza. Un día y otro y muchas noches. Y luego nada: NADA. Desaparacen los dolores y esas inflamaciones cerebrales que tanto atormentaban. Sin medicación legal pero llenando mi estómago de pastillas color esperanza. Sin drogarme pero inyectándome dosis de energía: gramo a gramo. Las fuerzas las saqué del rincón más oscuro de mis entrañas. Menos mal que el tanque aún tenía gasolina. Los soñadores no morimos fácilmente. Los poetas viven en sus versos. Y aunque preferí durante un tiempo el puño a la letra seguiré desgranandome al compás que dicte mi corazón. Pienso seguir bombeando, y firmando: mucho. Y ahora voy a decir casi con total seguridad que hoy escribo con una felicidad máxima. Y es algo nuevo para mí. Siempre he escrito para olvidar. Siempre he escrito para no gritar. Incluso para evitar llorar. Y ahora he llorado, mucho, pero no quiero olvidar. Quiero aprender, crecer, y sentir. Y lo estoy cumpliendo, y con creces. Y también quiero agradecer, ahora soy mejor persona y dispuesto: muy dispuesto. Voy a lanzarme a soñar, y aunque sin alas voy a volar y a quedarme suspendido en el aire el tiempo que me apetezca. Disfrutar de mis propias conversaciones y escuchar voces interesantes.

ESCRIBIR // ESCUCHAR // REIR //APRENDER // SENTIR

De mi puño y letra.

Carlos Sánchez Mateos

Descubrir

Un quiosco en cada esquina, un mercado antiguo a mi vista que parece cerrado. Vallado a lo antiguo, firma a firma. Aunque parece que haya vida por dentro.

No entro.

Hay ruido, hay vida, hay familias, hay citas. Y todo es muy humilde. No hay vestidos ni trajes ostentosos, no hay peinados modernos.

Y la mayoría sonríe.

Un corro de niños alborota la plaza. Aunque por momentos se quedan en silencio, como expectantes, como sorprendidos. Bailan las peonzas a las siete de la tarde.

¿Qué, quien: bailará después?

Bastones y bancos. Se entrecruzan miradas y seguro que alguna crítica. Observan y siguen aprendiendo. Más que muchos jóvenes me atrevería a sentenciar.

Mirada bien atenta.

Suena un silbido cada dos minutos. Levanto la cabeza pero no se descifrar su origen. Mas no la bajo. Me enseñaron de bien pequeño a conducir el balón sin mirarlo, y ahora se escribir sin mirar ni la estilográfica ni el folio como se va llenando.

Bien despierto.

He dejado de escribir diez minutos y no ha vuelto a sonar el pitido. Estoy esperando la rutina de este rato. Vale. Me he adelantado, ha vuelto a sonar y no vi nada. Aunque pueda parecer que esté perdido, sigo levantando la testa y con los ojos brillantes de ilusión: intento comprender lo que se mueve a mi alrededor.

Descubrir.

Príncipe azul

Abrió la puerta del edificio y al subir:

Sangre.

Baja lentamente, escalón tras escalón, gota a gota.

Aullidos en silencio, enmudeció, salió corriendo al portal.

Alzó la vista y vio a un hombre vociferar desde una ventana, en lo alto t con alta dosis de felicidad y rabia, aunque con la voz distersionandose.

NO, NO CORRE SANGRE AZUL POR MIS VENAS.

NO SOY UN PRÍNCIPE.

JAMÁS SERÉ REY.

ACEPTO LO QUE SOY, ME AMO.

ME DESENGRARÍA POR DEMOSTRARLO.

Los bomberos corrieron a socorrerle.

Los médicos tropezaron con los coágulos.

Abrazado a su pecho, como protigiéndose, como abrazándose: falleció, altivo.

Carlos Sanchez
16/05/2016

Crecer

Caer y despertar.

Despertar y sin aire: levantarse.

Respirar y ahogarse.

Nadar y olvidarse de respirar.

Zambullirse y bucear y bucear y bucear.

Desnudarse y desalmarse.

Vaciarse.

Hasta no poder más.

Vaciarse.

Llorar.

Llorar sin lágrimas, ya no quedan.

Vaciarse y derrumbarse.

Para crecer.

Para mejorar.

Para creer.

Para amar.

Para querer.

Para desear.

Para ser feliz.

Para la eternidad.

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28/04/2105

Y la bola baila, ¡y filtrea! con la red, y cae a plomo aunque suavemente hacia el lado equivocado.

Pierdes.

Se miran, pero no fijamente. Van cruzándose esas miradas atevidas, pero no, no se atreven. Suena esa música atrayente, él se decide a acercar posturas cuando ella se gira eróticamente y la besan. Ella baja la mirada.

Él pierde.

Pistoletazo de salida. ¡Buena salida! Controla a la perfección  su respiración y avanza. Adelanta. Se cuela, ¡sí! Se cuela entre las participantes. Al fin se ve la meta al fondo. Se asfixia. Le acorralan sus sentidos. Se vuelve pequeña. 

Le dió pánico vencer, perdió.

Cerró a cal y canto la buhardilla. Era temprano para dormir y tarde para estar despierto. Los libros no le ayudaban a silenciar las voces, ni el repicar de tambores en su testa. Un largo día de trabajo. Dejó la persiana a medio subir. 7.00 AM, y no salió el sol. No se iluminó nada.

Todo seguía oscuro, estaba perdido.

Cuatro garabatos mal hechos. Sin ton ni son. Al aire. Al azar. Esa maldita suerte irremediable. O para bien o para mal. Palabras sin sentido, ni ganas. Poca literatura, y mala. Pero la pluma tiene tinta y cojones, almenos para jugarle una mala pasada a la derrota. Almenos para no dejarse vencer. Tinta y cojones para no ponerle un final a ese último párrafo melodramático del día. Tinta, cojones y esperanza para que en esa ocasión la derrota no invada el camino, ni el ya recorrido ni el que queda por recorrer.

  

Carlos Sánchez Mateos

No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. 

No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”, dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples. 

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea cob orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron, de nuestros poetas muertos, te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: los poetas vivos.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Walt Whitman.

Nuevo deporte

Y en un abrir y cerrar de ojos desaparecen todas las imágenes. Durante un tiempo no hay nada, sólo una boya y algo me impide nadar hacia ella. Lo hacen otros por mí, busco mi espacio y mi tempo y se que aún no estoy listo. Requiere sacrificio y una gran convicción dicen. Yo acepto con mi media sonrisa a sabiendas que algún día lo conseguiré. Que alcanzaré la excelencia, que me convertiré en mejor persona, que encontraré esa felicidad, ahora difusa y perdida. Que me sumaré a este nuevo deporte y remaré, juro que remaré.