Que la miscelánea te acompañe

Te hiciste mayor casi sin darte cuenta. Perdiste el norte antes de ir al sur. Te olvidaste quien eras, quien querías ser. Te olvidaste de tu nombre, y de tus apellidos. Los manchaste querido. Nunca fuiste prejuzgado. Ni castigado. Ni señalado. Nunca. Saliste victorioso de todas tus afrentas. Engordaste tu ego de falsedad. Malheriste a quien quisiste. Cambiaste el amor, si es que lo tenías, por vicios puntuales frecuentes. Confundiste los antihistamínicos. Del polvo naciste y en polvo te convertirás. También lo debiste confundir. Renaciste mil veces entre la mismísima mierda para volver a engañar a quien quisiste. Llegaste, viste y caíste. Te ensuciaste. Mucho. Fuiste perdonado. Absuelto. Tuviste la penúltima oportunidad. Tu vida incoherente e inconexa modificó la mía querido. El lastre que dejaste y las huellas teñidas de sangre aún se palpan en mi camino. El otro día leí que fotografiamos para olvidar, y es cierto, yo también escribo para olvidar y ya estás olvidado.

Que la miscelánea te acompañe.

El círculo

Y el círculo se estiró y se quebrantó y quedó libre y expuesto para siempre.

El silencio y su síndrome antisocial ayudaron a engordar su desespero. Salió de la oficina y tomó el mismo camino de siempre a casa. Siete minutos cabizbajo con la mirada perdida y cargado con una mochila llena de sensaciones tristes. Su pelo desaliñado y sus andares extraños le hacían hueco entre las gentes, que le esquivaban. Llegó a casa cansado. Llamar a posibles clientes para vender posgrados online de diez a tres destroza físicamente. Se quitó la ropa y se quedó en calzoncillos. Revisó el contestador. No hay mensajes. Pi Pi Pi Pi Pi.

Salió a la terraza y quitó las cervezas medio vacías de la noche anterior. Abrió el frigorífico. No había más cerveza. No había nada. Se acordó que tenía aún una botella de vino, de la última visita de su padre. La descorchó, se sirvió, se bebió la copa y se encendió un cigarrillo y encendió su portátil. Inicio. Click. Programas. Click. Microsoft Office. Click. Microsoft Word. Click. La página en blanco. Mierda. ¿Crear un documento nuevo? No. La página en blanco le maltrataba el estómago, la cabeza y el corazón. Se había prometido esa mañana romper con el presente, hacer un retorno al pasado para construirse un futuro. Se sirvió otra copa de vino, peleón por cierto, y consumió otro cigarrillo. Necesitaba escribir humo espiritual, crecer y perecer. Necesitaba lanzar la palabrería al vacío, llenar el espacio que ahora ocupaban retorcidas sus colillas. Se bebió otra copa de vino y peleó consigo mismo, se lo había prometido. Tiró la copa de cristal al suelo. Los pedazos afilados le recordaron que aún era sensible. La sangre derramada le hizo esbozar por fin una sonrisa. Observó un minuto más la página en blanco mientras asumía ese dolor tan curioso. Y, por fin, escribió:

Y el círculo se estiró y se quebrantó y quedó libre y expuesto para siempre.

Carlos Sánchez Mateos (@csmateos)

Satisfacción x3

Tras veinte años de entrega al deporte rey español, he sufrido un trastorno en el cableado deportivo sin casi darme cuenta. A saber, he dejado de prostituirme en el futbol, para disfrutar en el padel. En mi etapa como futbolista, aprendí infinidad de valores de equipo: solidaridad, sacrificio, compañerismo, trabajo en equipo, etcétera. Sin embargo a medida que uno va creciendo la vida te obliga a asumir otros roles muy diferentes. Debes ser fuerte mentalmente, tienes que tener la dosis de egoismo necesaria para vencer ante los retos que te proponen, y así unos cuantos más. Cuando dejé el futbol por motivos de lesiones, me dieron la oportunidad de seguir vinculado a él desde la perspectiva de la enseñanza. Desde el banquillo y desde las oficinas el fútbol se ve totalmente diferente. Es gratificante ver a los chavales con la ilusión intacta con ganas de evolucionar. Pero es distinto. Incluso a niveles de clubs pequeños, los cambios son insultantes. El dinero se convierte en protagonista para abandonar/olvidar los valores mencionados anteriormente. Lo he probado, una y otra vez, en muchos clubs. Quizás la culpa en parte también la tenga yo. Pero el balance he de decir que ha sido negativo. Así que hoy, ahora, hace tres meses, dejo el futbol por un deporte con menos historia pero que me provoca hasta el momento una satisfacción dificil de describir.

Ahora, dejo de ganar dinero para invertir en mi. No obstante, creo vale la pena. Trabajo aspectos psicológicos a diario, me inmiscuyo en un deporte que te hace fuerte y que a parte, la honradez es el emblema. El padel, para quien no lo sepa, se juega por parejas y es un punto muy importante. Debes conocer y aceptar los defectos y virtudes de ellas. Sino, estás perdido o destinado al fracaso. El padel es social pero también competitivo. Todo el mundo tiene cabida en él. No es prohibitivo. Llevo tres meses practicandolo y estoy cansado de escuchar: ¿juegas a padel? ¡Pero si es de pijos! No es cierto, puede que antiguamente, en España, la sociedad más adinerada era la que lo practicaba, pero ya ha cambiado. Todos, o la mayoría, pueden practicarlo. Hay infinidad de clubs, y de ofertas deportivas que pueden adaptarse a lo que necesitas. Las grandes marcas de padel, además, ofrecen muchísimas facilidades a los clubs dando un empujón muy importante a la práctica de este deporte. Personalmente, lo que más me motiva es volver a la competición deportiva. La disciplina competitiva es la que te obliga a crecer, a aprender todos los gestos técnicos y tácticos del padel. Cada partido es una llamada a la superación. Además, el padel tiene un efecto de socialización muy importante. Y lo que está claro, tiene que ir a más. Con pala en mano, y una sonrisa enorme en la cara, os animo a jugar, a probar, a disfrutar x3 como nunca lo habéis hecho.