Beso virtual, beso físico

Una situación remota puede llegar a convertirse en algo especial. El mozo, abrazado a la bohemia, recurrió a la rosa plena de pasión para utilizarla de punto de lectura en un libro escogido al azar de la biblioteca de papá. Se sentó en una cafetería que colinda con la facultad de Psicología nervioso e impaciente por saber con quién había compartido unas palabras tan profundas por internet. Pidió un cortado largo de café con la leche bien caliente, y se dispuso a abrir el libro, mas no le prestó atención alguna. Dos mujeres de treinta y tantos sentadas dos mesas más a la izquierda no pudieron evitar esbozar una sonrisa al darse cuenta que el libro estaba abierto al revés mientras contemplaban cómo el chico enloquecía preparando la escena del amor (no del crimen, lectores fatalistas). El joven no parecía estar satisfecho con su aspecto, no tenía el mismo brillo que en las fotos que había compartido con Ella. De todas maneras, las mariposas del amor siempre embellecen a la persona. Tomó un sorbo de café, y mientras se quemaba la lengua supo que Ella ya había entrado al lugar gracias al silencio sepulcral de sus vecinas que ya se habían reído de él antes. Tranquilo. Se dijo para si, y no levantó la mirada del libro mientras esperaba. Leyó durante un minuto y se estremeció al asimilar lo que estaba leyendo. Cerró la tapa y pudo leer en la portada: Cómo reactivar tus relaciones sexuales. Mierda, un libro de autoayuda sexual y obsceno ideal para la ocasión. Gracias papá. De repente todas las voces se acallaron, se proclamó un silencio digno del momento, tampoco se oyó una orquesta celestial pero sí una voz dulce sin amarres nerviosos pero bien agarrada en un solo ser: Hola, ¿no serás tu el chico guapo con el que he quedado hoy? ¿Adrián? En nuestras conversaciones nunca mencionaste que tenias problemas sexuales. Encantado Carlota (dijo tras tragar saliva en tres ocasiones), tu tampoco me dijiste que fueras tan guapa, y lo del libro tiene una explicación que no te vas a creer, así que sí, tengo problemas sexuales. Las voces y los ruidos típicos de la cafetería volvieron a su curso mientras ambos se reían sin parar. Se sentaron, y conversaron durante dos horas. Una conversación airada y dispar mientras el mundo exterior se desvanecía. Sólo existían ellos dos. Nada importaba el resto. Ella le daba vuelta a todos los pensamientos puros e impuros de Adrián, un magnífico soñador y enamorado de las letras. Él desmontaba las variables y probabilidades vitales de Carlota, muy entusiasmada en desbloquear las incertidumbres que nos depara el destino. Adrián, olvidándose de sus supuestos problemas sexuales deseó besarla mil veces durante ese rato, además se le ocurrieron mil maneras distintas de hacerlo. Ella no ayudaba a frenar ese impulso con su media sonrisa que la hacía aún más atractiva. Salieron de la cafetería, sin nervios y quedando para la semana próxima. La distancia iba a obligarles a verse en pocas dosis. La tristeza abarcó por fin el ambiente en la despedida, no querían alejarse el uno del otro. Hasta la semana que viene. Adiós.

Pasaron las semanas, los meses, los años. No volvieron a verse, pero sí a pensarse, a amarse, a desearse. Nunca dejarán de hacerlo. Siempre se peinaran por la mañana sabiendo que su otra parte del alma (se formó una sola) está haciendo lo mismo, y la media sonrisa será completa para siempre. Un beso virtual necesitado de psicología para ser comprendido, un beso físico fundido que no será escrito nunca más.

Carlos Sánchez

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