28/04/2105

Y la bola baila, ¡y filtrea! con la red, y cae a plomo aunque suavemente hacia el lado equivocado.

Pierdes.

Se miran, pero no fijamente. Van cruzándose esas miradas atevidas, pero no, no se atreven. Suena esa música atrayente, él se decide a acercar posturas cuando ella se gira eróticamente y la besan. Ella baja la mirada.

Él pierde.

Pistoletazo de salida. ¡Buena salida! Controla a la perfección  su respiración y avanza. Adelanta. Se cuela, ¡sí! Se cuela entre las participantes. Al fin se ve la meta al fondo. Se asfixia. Le acorralan sus sentidos. Se vuelve pequeña. 

Le dió pánico vencer, perdió.

Cerró a cal y canto la buhardilla. Era temprano para dormir y tarde para estar despierto. Los libros no le ayudaban a silenciar las voces, ni el repicar de tambores en su testa. Un largo día de trabajo. Dejó la persiana a medio subir. 7.00 AM, y no salió el sol. No se iluminó nada.

Todo seguía oscuro, estaba perdido.

Cuatro garabatos mal hechos. Sin ton ni son. Al aire. Al azar. Esa maldita suerte irremediable. O para bien o para mal. Palabras sin sentido, ni ganas. Poca literatura, y mala. Pero la pluma tiene tinta y cojones, almenos para jugarle una mala pasada a la derrota. Almenos para no dejarse vencer. Tinta y cojones para no ponerle un final a ese último párrafo melodramático del día. Tinta, cojones y esperanza para que en esa ocasión la derrota no invada el camino, ni el ya recorrido ni el que queda por recorrer.

  

Carlos Sánchez Mateos

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