DE MI PUÑO Y LETRA

Primero un soplido, luego un rebuzno y un sinfín de cuchillos afilados destrozándome la cabeza. Un día y otro y muchas noches. Y luego nada: NADA. Desaparacen los dolores y esas inflamaciones cerebrales que tanto atormentaban. Sin medicación legal pero llenando mi estómago de pastillas color esperanza. Sin drogarme pero inyectándome dosis de energía: gramo a gramo. Las fuerzas las saqué del rincón más oscuro de mis entrañas. Menos mal que el tanque aún tenía gasolina. Los soñadores no morimos fácilmente. Los poetas viven en sus versos. Y aunque preferí durante un tiempo el puño a la letra seguiré desgranandome al compás que dicte mi corazón. Pienso seguir bombeando, y firmando: mucho. Y ahora voy a decir casi con total seguridad que hoy escribo con una felicidad máxima. Y es algo nuevo para mí. Siempre he escrito para olvidar. Siempre he escrito para no gritar. Incluso para evitar llorar. Y ahora he llorado, mucho, pero no quiero olvidar. Quiero aprender, crecer, y sentir. Y lo estoy cumpliendo, y con creces. Y también quiero agradecer, ahora soy mejor persona y dispuesto: muy dispuesto. Voy a lanzarme a soñar, y aunque sin alas voy a volar y a quedarme suspendido en el aire el tiempo que me apetezca. Disfrutar de mis propias conversaciones y escuchar voces interesantes.

ESCRIBIR // ESCUCHAR // REIR //APRENDER // SENTIR

De mi puño y letra.

Carlos Sánchez Mateos

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Descubrir

Un quiosco en cada esquina, un mercado antiguo a mi vista que parece cerrado. Vallado a lo antiguo, firma a firma. Aunque parece que haya vida por dentro.

No entro.

Hay ruido, hay vida, hay familias, hay citas. Y todo es muy humilde. No hay vestidos ni trajes ostentosos, no hay peinados modernos.

Y la mayoría sonríe.

Un corro de niños alborota la plaza. Aunque por momentos se quedan en silencio, como expectantes, como sorprendidos. Bailan las peonzas a las siete de la tarde.

¿Qué, quien: bailará después?

Bastones y bancos. Se entrecruzan miradas y seguro que alguna crítica. Observan y siguen aprendiendo. Más que muchos jóvenes me atrevería a sentenciar.

Mirada bien atenta.

Suena un silbido cada dos minutos. Levanto la cabeza pero no se descifrar su origen. Mas no la bajo. Me enseñaron de bien pequeño a conducir el balón sin mirarlo, y ahora se escribir sin mirar ni la estilográfica ni el folio como se va llenando.

Bien despierto.

He dejado de escribir diez minutos y no ha vuelto a sonar el pitido. Estoy esperando la rutina de este rato. Vale. Me he adelantado, ha vuelto a sonar y no vi nada. Aunque pueda parecer que esté perdido, sigo levantando la testa y con los ojos brillantes de ilusión: intento comprender lo que se mueve a mi alrededor.

Descubrir.

Príncipe azul

Abrió la puerta del edificio y al subir:

Sangre.

Baja lentamente, escalón tras escalón, gota a gota.

Aullidos en silencio, enmudeció, salió corriendo al portal.

Alzó la vista y vio a un hombre vociferar desde una ventana, en lo alto t con alta dosis de felicidad y rabia, aunque con la voz distersionandose.

NO, NO CORRE SANGRE AZUL POR MIS VENAS.

NO SOY UN PRÍNCIPE.

JAMÁS SERÉ REY.

ACEPTO LO QUE SOY, ME AMO.

ME DESENGRARÍA POR DEMOSTRARLO.

Los bomberos corrieron a socorrerle.

Los médicos tropezaron con los coágulos.

Abrazado a su pecho, como protigiéndose, como abrazándose: falleció, altivo.

Carlos Sanchez
16/05/2016