LA BECA

Mis queridísimos y no menos preciados compañeros del honrado y majestuoso Instituto Cervantes,

Nunca he entendido esto de las cartas de presentación. ¿De verdad son necesarias para calibrar las aptitudes de los aspirantes? ¿De verdad no creen que en tan sólo mil palabras podría confundiros con mis dotes de seducción literaria? Podría, es cierto. Pero al ser mi primera carta de presentación seré fiel a mis finales y no a mis principios y así, poder engalanaros con la verdad, y nada más que la verdad.

La verdad es que no necesito esa beca literaria. Ya no. Soy Product Manager (que bien suena) desde hace más de diez años en una empresa que distribuye fruta y verdura al por mayor. Hago deporte cada noche y me he acostumbrado a vivir en casa de mis padres, he llegado a soportarlo a mis cuarenta años. Como verán en el currículo, soy experto en iniciar proyectos pues los acabo posponiendo para más adelante. Filología Hispánica no llegó ni a proponerme por un instante el orgasmo intelectual y lo abandoné. No supieron sacar provecho de mí. Sin embargo, Periodismo empezó siendo muy sugerente, me atrapó sin duda alguna. Pero el destino me había deparado demasiadas trampas a mi corta edad y la apariencia, el sexo, el alcohol y las corrientes literarias de mi promoción (inexistentes, claro) acabaron por desembocarme en el más profundo de los abismos. En resumen, trabajaba demasiado para costearme gastos universitarios y sus apóstoles infernales y tuve que abandonar los estudios.

Por supuesto, en el párrafo anterior, nefasto y carente de expresión, he obviado ciertos datos que eliminarían cualquier oportunidad que tuviera de poder entrar en vuestro programa de becas. No necesitan saber con pelos y señales mis fracasos. Si creo oportuno que sepan, que soy guapo, inteligente, vivaz, que leo y escribo, que muerdo y que las únicas señales que me conmueven son las del corazón. Y señores y señoras (repique de tambores), el corazón me dice que soy escritor. Quítense la venda de las orejas y vean como les susurran mis palabras, todas y cada una de ellas. Lo de las orejas era para ver si estaban atentos. A lo que voy. Sí. Escribo, nunca dejé de hacerlo. Escribo desde que era un niño, un niño demasiado tímido para la edad que tenía y que no tenía más remedio que plasmar los sentimientos en un retazo de papel. Me hacía sentir bien, y además tenía un sentido coherente. Ahora en cambio, la frustración que siento es mayor, pues no soy para nada tímido (de hecho soy un sinvergüenza) y sigo escribiendo sin cesar. Me debería sentir un poco farsante.

Estoy escribiendo mi carta de presentación cuando realmente creo que he llegado a la inmadurez total de mi vida como escritor. Así que repito, no merezco ni necesito entrar en el programa para talentos literarios. Pero (con veintisiete ‘es’) quiero esa beca. Se ha convertido en un capricho queridos lectores. Estoy cansado de escribir humo espiritual, reescribir antiguos relatos y pisar cristales punzantes mientras lo hago. Harto de poetizar mi vida.  Harto relatar mis sentimientos, harto de leer relatos, cuentos, novelas de otros escritores y morirme de envidia. He decidido que se acabó, necesito un empujón. He estado rehuyendo a mi destino durante demasiado tiempo. Amo mi literatura y a todo aquello que lo rodea. Adoro a mis botellas de vino descorchadas en mis intentos enérgicos literarios. Adoro mis ceniceros desbordados. Me fascinan las palabras que fluyen de mis dedos como agua ligera que corre silenciosa por los riachuelos del monte perdido en lo más recóndito de mi alma. Toma ya. Me fascinan también la cantidad de versos que aunque carentes de significado los amo.

Aquí

Aquí

Aquí

Allá

 

¿Se van a perder la oportunidad de sentirse bien consigo mismos y regalarme la motivación que necesito para evolucionar y dejar de ser escritor para ser un gran escritor? Al fin y al cabo es una pura cuestión de amor mis queridos lectores. Es una cuestión de no ser rechazado ni menospreciado (recuerden la entradilla del principio). Amar todas y cada una de las esferas que envuelve a la literatura me hace digno, es lo único por lo que vivo y por lo que muero también. Dignifíquense ustedes hagan el favor y regálense el placer de sentirse puro y limpio por una vez.

 

Siempre vuestro,

 

El próximo Premio “Miguel de Cervantes”

 

 

P.D. Me encanta lo del siempre vuestro o siempre tuyo. ¡Qué tierno es el mundo de las letras! Por cierto, me han sobrado doscientas treinta y cinco palabras para engalanaros con mis dotes de seducción literaria.