Que la miscelánea te acompañe

Te hiciste mayor casi sin darte cuenta. Perdiste el norte antes de ir al sur. Te olvidaste quien eras, quien querías ser. Te olvidaste de tu nombre, y de tus apellidos. Los manchaste querido. Nunca fuiste prejuzgado. Ni castigado. Ni señalado. Nunca. Saliste victorioso de todas tus afrentas. Engordaste tu ego de falsedad. Malheriste a quien quisiste. Cambiaste el amor, si es que lo tenías, por vicios puntuales frecuentes. Confundiste los antihistamínicos. Del polvo naciste y en polvo te convertirás. También lo debiste confundir. Renaciste mil veces entre la mismísima mierda para volver a engañar a quien quisiste. Llegaste, viste y caíste. Te ensuciaste. Mucho. Fuiste perdonado. Absuelto. Tuviste la penúltima oportunidad. Tu vida incoherente e inconexa modificó la mía querido. El lastre que dejaste y las huellas teñidas de sangre aún se palpan en mi camino. El otro día leí que fotografiamos para olvidar, y es cierto, yo también escribo para olvidar y ya estás olvidado.

Que la miscelánea te acompañe.

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