BUCÉFALA Y RIGOBERTO

Érase una vez y érase para siempre. Siempre esperas algo inesperado, aunque ya, lo inesperado sería tener que esperar. Érase la vida que se encontró en repetidas ocasiones sin aliento. Aunque no duró siempre. Resultó necesario y crucial el encuentro, de los dos extraños hasta la fecha, claro. Allá dónde se desorbitó la cantidad, se telefoneó a la calidad. Allá donde la tristeza se adueñó del lugar, vino al trote y al galope la felicidad. Allá dónde flotaban dos cuadrados, se formó un círculo perfecto: sin brechas, y curando heridas de otros tiempos. Allá dónde se fallaban los penaltis, ahora se marcan por la escuadra. Allá dónde se derramaban lágrimas por alguna batalla perdida, ahora se celebran grandes victorias.

Érase una vez, Bucéfala y Rigoberto, bicicletas con el distintivo de viajar juntos, y érase para siempre.

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